martes, 18 de noviembre de 2008

La otra vez en la noche me desperté con un maullido fuertísimo. Lo que pasa es que siempre el gato de la vecina viene a mear a mi patio. La vieja no le compra una cajita con arena, para qué, si los idiotas de los vecinos tienen su pastito. Me levanté y fui a ver. El perro tenía victorioso al gato por el cuello.

JUSTICIA DIVINA, me dije: AHÍ ESTÁ EL EJEMPLO DE QUE DIOS EXISTE"